21 Febrero 2014 - El Cordillerano

“La cordura” entretiene pero también interpela

Por Adrián Moyano

Quién el paciente, quién el analista…

- CUANDO SE REPONGA, NO DEJE DE VERLA -
La obra reúne sobre el escenario a Santiago Cámpora y Julio Benítez. E implica el debut en la dirección de Julián Bernardi. Un trabajo filoso que mientras hace reír, pone en ridículo a una de las “instituciones” clave de los tiempos que corren.

Mientras el psicoanalista intenta grabarle a un colega una descripción del caso responsable de sus desvelos, el paciente irrumpe en el consultorio con la urgencia de quien no tiene tiempo para formalidades. Pero no es para él que reclama ayuda, sino para su madre. El “doctor” accede a que la señora ingrese al recinto y entonces, el hijo sesentón va en su búsqueda. Cuando retorna, el profesional de la salud mental no puede disimular su asombro, porque nadie acompaña a su visitante, nadie responde sus preguntas y menos aún, nadie se sienta en el sillón.
Así transcurren los primeros momentos de “La cordura”, la obra que el Grupo Trampolín presentó el último fin de semana en La Baita. Sobre el escenario, el trabajo de actuación corre por cuenta de Julio Benítez y de Santiago Cámpora, quienes se desempeñan a las órdenes de Julián Bernardi. El último debuta en la dirección precisamente con esta obra, comienzo más que auspicioso.
En términos implícitos y no tanto, la versión que los barilochenses construyeron a partir del texto “Terapia” de Martín Giner, es un cuestionamiento bastante frontal a una de las instituciones claves de la contemporaneidad: el consultorio y su poder, el psicoanalista y su jerarquía, la normalidad y la anormalidad... La dramaturgia no se vale de manifiestos contrarios a práctica tan difundida entre los argentinos, pero de movida la toma en sorna y después la ridiculiza para finalmente, reducirla a un cúmulo de relatividades que pueden andar muy cerca de la arbitrariedad.
Santiago Cámpora es el “doctor”, un auténtico hallazgo. Conocíamos su trabajo en “Mastica, saborea, traga. Común silencio”, una obra que surgió de las aulas de la UNRN y que se construyó a partir de un lenguaje muy hermético y un despliegue físico excepcional por parte de sus cuatro protagonistas. Ahora en “La Cordura”, la caracterización de Cámpora es inmejorable, la construcción de su personaje sumamente convincente y la actuación muy importante, sobre todo cuando después de ingerir determinada “pastillita” hipotéticamente salvadora, el “doctor” muta a sufriente, cambio que exige alterar la dinámica que el actor llevaba hasta entonces.

¿Piedad química?

Es que después de cansarse de probar con las palabras, los discursos y las recomendaciones, el psicoanalista no logra que el personaje de Benítez deje de relacionarse con una madre ya inexistente. Entonces, recurre a la química, como atajo hacia la recuperación de precisamente, la cordura... En el transcurso de la trama, aparecen borrosas referencias a un colectivero que trabaja interminables horas a bordo de su unidad, más cerca del padecimiento que de la plenitud. Las menciones se expresan a través de sueños que el “doctor” lleva a las palabras.
Después de la ingesta de la pastilla, la ficción de la ficción se desmorona o más bien, se invierte. En realidad, colectivero y “doctor” son la misma persona, la que en términos “reales” pertenece “al 50 por ciento por ciento de la sociedad que no produce”, según el latiguillo que los dos psicoanalistas acostumbran a repetir. Porque en verdad, es el personaje de Benítez el portavoz de los guardianes de la salud mental, una vez que se consuma la inversión de los roles.
Más allá de las posturas que pueda sostener el público en relación al psicoanálisis y los psicoanalistas, son varios los puntos a favor de “La cordura”. En primer término, el debut más que airoso de Julián Bernardi en la dirección, flamante egresado de la Licenciatura en Arte Dramático que aún debe escribir su tesis de grado. En segundo, la confirmación de que tenemos otro gran actor entre nosotros: Santiago Cámpora. En tercero, la inagotable vitalidad que ostenta Julio Benítez si de hacer teatro se trata. Y por último pero no menos importante, la gradual conformación de un equipo que si bien se agrupa bajo el nombre del elenco más veterano de Bariloche, se integra con gente joven. La empresa entusiasma: teatro que entretiene y hace reír, pero que también interpela.

A. M.

Fuente: http://www.elcordillerano.com.ar/~elcordil/index.php/cultura/item/11089-la-cordura-entretiene-pero-tambien-interpela

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